

Así lo afirma el profesor Richard Boyatzis, catedrático de conducta de las organizaciones y autoridad mundial en liderazgo. Y lo son porque generan espacios de trabajo dominados por la desconfianza y el miedo. Cosa que, además de ser emocionalmente muy dura, anula toda iniciativa y toda creatividad. Como afirma Chris Lowney, los jefes autoritarios, “en lugar de liderar, se limitan a presidir lugares de trabajo darwinianos, en los cuales el individuo o nada o se ahoga”.
Los líderes autoritarios constituyen una seria amenaza para la estabilidad emocional de todos los que tienen a su alrededor, ya que, como líderes de un grupo humano, son las personas que mayor influencia ejercen en las emociones de los demás. Pero crear imperios del miedo no sólo es perjudicial para las personas que trabajan bajo el mando del líder que los crea, sino que supone un gran riesgo para el futuro de las empresas. Porque las personas angustiadas no rinden y, lejos de dar lo mejor de sí, se limitan a subsistir los mejor que pueden. Además, las personas lideradas por un jefe autoritario acaban contribuyendo a que el ambiente se degrade, pues bajo su presión acaban teniendo una gran dificultad en interpretar y gestionar adecuadamente las emociones de los demás. Sergio Cardona, en su libro Neuromanagement, lo sintetiza así: “El miedo paraliza el cerebro y es una buena fuente de mentiras y del hundimiento de las organizaciones”.